Las tres ultimas sinfonías del genio de Salzburgo, la 39, 40 y  41 se podrán disfrutar en el Teatro Cervantes.

Los días 24 y 25 de mayo, jueves y viernes, a las 20h. en el Teatro Cervantes, será la oportunidad de poder escuchar un gran monumento musical, colofón del clasicismo vienes: el Mozart eterno y sus tres últimas sinfonías. Estas tres últimas sinfonías del salzburgués fueron compuestas en solo cuarenta y seis días del verano de 1788.

Dará comienzo el programa con la Sinfonía n. 39 en Mi bemol mayor, K. 543, que después de una solemne introducción llega al primer allegro de carácter dulce, cuya fuerza rítmica ya anticipa al propio Beethoven. El segundo movimiento está basado en un único tema de gran poesía con transiciones bastante agitadas y enérgicas. El menuetto es de construcción sencilla. El allegro final es un rondó pero tratado en forma sonata con espíritu de Haydn.

Se culminará esta primera parte con la Sinfonïa nº 40 en Sol menor, K. 550. El primer movimiento presenta directamente el primer tema, ágil y ligero, es uno de los más conocidos de Mozart y el más recordado de todos los temas de sus sinfonías. El segundo movimiento, también en forma sonata, en su desarrollo aumenta la atmósfera dramática. El menuetto, que se separa ya de la música de danza, contiene el clásico trío para viento de estilo vienés. Las audacias del movimiento final tiene también forma de sonata y llevan a un controlado paroxismo.

En la segunda parte la OFM interpretará la Sinfonía nº 41 en Do mayor, K. 551 “Júpiter” Esta sinfonía es un claro anuncio de una nueva era, con ella el autor alcanza límites de majestuosa creatividad. Sin duda, representa la cúspide de la escritura contrapuntística de Mozart, todo un referente absoluto de la forma fugada: en él encontramos dobles y triples contrapuntos, canon, aumentaciones, disminuciones, inversiones, superposiciones, imitaciones y stretti, llegando a ser ejecutados sus cinco temas de manera simultánea en una auténtica exhibición de fuerza, poder y destreza técnica. Mozart alcanza aquí una excelsa musicalidad, acreditándose, una vez más, como uno de los genios del arte de todos los tiempos.