CUARTETO DE TROMPETAS Y PERCUSIÓN DE LA OFM
MILLENIUM
Trompetas: Ángel San Bartolomé, Alejandro Gómez, Ángel Ruiz y Juan Carlos Jerez.
Percusión: Alejandro Hurtado.
Programa
RENACIMIENTO
TIELMAN SUSATO
Danserye* (selección de danzas)
-
- La Mourisque.
- Les Quatre Bransels.
- Danza Fagot .
- Pavane, La Bataille.
- L, Amy.
- Bergerette
BARROCO
GEORG FRIEDRICH HÄNDEL
«Bourrée» de la Sonata n.º 5, op. 1 en sol mayor, HWV363b**
JEAN-BAPTISTE LOEILLET DE LONDRES
«Air» de la Lección n.º 1 en mi menor**
WILLIAM BOYCE
«Allegro» de la Sinfonía n.º 1 en si bemol mayor**
CLASICISMO
WOLFGANG AMADEUS MOZART
Fuga en la menor del Cuaderno de apuntes de Londres, K.15ss***
ROMANTICO
ROMÁN LO PRESTI
Suite para cinco trompetas****
-
JAZZ
PETER FEIL
Five Jazz Quartets
*Arreglo de S. Craven<
**Arreglo de Ronald C. Dishinger
***Arreglo de K. Kaisershot
****Adaptada a este conjunto

En la cercanía al cierre de este ciclo de la temporada vigente, este programa se presenta como un interesante viaje por las sonoridades siempre tan atrayentes de la familia de la trompeta y, además, como una oportunidad para el rescate de piezas conocidas y no tanto en distintos contextos de la historia de la música.
Si bien se conocen pocos datos completos en torno a la biografía del polifacético Tielman Susato (ca. 1510/15-ca. 1570) —es muy posible que su apellido sea toponímico y esté conectado con tierras germanas—, de su trayectoria vital ha prevalecido la importante labor que desarrolló en la difusión musical a través de su iniciativa de ser el fundador de la primera casa editorial específica de este arte de los Países Bajos, y así crear un destacado catálogo de las composiciones propias y ajenas. Esta premisa implicó no solo la lógica trascendencia de las creaciones, sino que además posibilitó su expansión —es remarcable su compromiso con la difusión de la polifonía franco-flamenca—, en la que la música popular y la lengua vernácula cobraron una notable importancia. Por ello, esta selección de danzas de Het derde musyck boexken [El tercer libro de música], colección conocida bajo el título de Danserye, viene a cubrir estos objetivos, añadiendo las emparentadas con la música instrumental que nuestro autor conoció. Y es que su vinculación con un amplio abanico de instrumentos de viento le permitió realizar múltiples arreglos en función de las necesidades que se iban articulando. Así es que La mourisque nos invita a ese ritmo constante en binario, a modo de fanfarria, como la pieza más recordada del conjunto, por sus numerosas repeticiones y su alegría contenida. Le siguen los Quatre branles encadenados, en claro contraste con la anterior, pero que constituyen un pequeño álbum dentro del mayor que venimos analizando. Fagot es una danza de tipo ronde que dibuja, sonora y metafóricamente, ese círculo constante que todos podemos divisar en nuestra mente, potenciado, con lógica, por esas recurrencias melódicas. Con La bataille son innegables los aires bélicos que se traducen en su marcialidad rítmica, junto a esos diálogos melódicos y una expansión de la sonoridad, en claro dirigismo, hacia un final de gran intensidad para esta pavana. La contraposición se promueve con Mon amy, una ronda de carácter íntimo que subraya su expresividad, proveniente de su esencia lírica, para llegar a Bergerette, una obra de alma pastoril que ensalza la simetría tan requerida en la danza renacentista.
Con la Sonata n.º 5, op. 1 en sol mayor, HWV363b, nos retrotraemos al Georg Friedrich Händel (1685-1759) en los inicios de su periplo inglés. Consagrado como un importante compositor de óperas, la concepción de esta pieza de cámara, originariamente para oboe (HWV363a), responde a la necesidad de satisfacer las peticiones de la alta sociedad diletante y de mecenas que se congregaban en sus respectivos círculos más íntimos. Sin embargo, su idolatrado instrumento de viento madera de la juventud dio paso a la flauta travesera, mucho más conectada con las demandas del público y las modas imperantes, lo que dio lugar a ese trasvase de fa mayor al sol mayor indicado, aunque en este caso degustaremos una versión adaptada al metal. Dejando de lado las andanzas del editor John Walsh y sus estrategias poco ortodoxas para hacerse con los derechos de impresión del conjunto de sonatas, nos acercamos a la referenciada a través de la Bourrée, que es su cuarto tiempo. Esta, en sol mayor y con dos secciones que se repiten y están bien delimitadas, rescata el carácter anacrúsico de esta danza francesa y una autocita musical en el futuro, anticipando el tema melódico de la segunda sección de La llegada de la reina del oratorio Solomon de 1748.
Curiosamente, Jean-Baptiste Loeillet de Londres (1680-1730) también vivió las mismas circunstancias contextuales que Händel. Esto es, que desplegaba su magisterio en distintos instrumentos de viento en el Queen’s Theatre del Haymarket, escenario donde el alemán estrenó su mítico Rinaldo, participó de Walsh como editor y también se apuntó a esas veladas domésticas de las que hicimos mención en la parte superior, y que derivaron en la grandiosa música de cámara de la que estamos extrayendo estos pequeños ejemplos. Y es que este autor, proveniente de Gante y con una familia extensa en la música —su primo hermano se llama igual que él, y de ahí que se mencione la capital inglesa en su nombre—, siempre fue confundido con el eminente Lully francés —la adecuación de su apellido al ámbito inglés y su pronunciación en este idioma propiciaron el embrollo de las adjudicaciones erróneas—. Sin embargo, algunos de los hitos más importantes de su trayectoria se le atribuyen por ser el introductor de los concerti grossi de Corelli en el Londres de comienzos del siglo XVIII, a la par que colaboró en el impulso de la flauta travesera. Sin embargo, este «Air» de la Lección n.º 1 en mi menor proviene de sus Lessons for the Harpsichord or Spinet, como una estilización de danzas en la que se recoge la esencia de su veneración por el eje franco-italiano y se asienta esa pátina melancólica del modo menor y su narrativa cantabile, en la que se potencia el carácter solístico bajo una rica ornamentación.
Dentro de la misma época estilística, cierra el ciclo William Boyce (1711-1779), autor netamente inglés y perteneciente a una familia de artesanos. El haber sido niño cantor de la Catedral de San Pablo le permitió acceder a la mentoría del organista Maurice Greene, quien ejerció una influencia excepcional hasta sus últimos días. Vinculado a la iglesia anglicana como compositor y organista, con su doctorado en música por la Universidad de Oxford y el grado de Master of the King’s Musick heredado de su maestro, llegó a ser uno de los titulares del órgano de la Capilla Real. Pero más allá de la música litúrgica, su mano creadora también abarcó la de tipo incidental, la ópera y la propiamente instrumental, como una primera serie de ocho sinfonías, entendidas como un conjunto de piezas a modo de oberturas barrocas en la forma tradicional de tempo tripartito, de donde se extrae este Allegro de la Sinfonía n.º 1 en si bemol mayor que irradia jovialidad y positividad a partes iguales. Ciertamente, un legado que traspasó más allá de sus composiciones al dedicarse a organizar y editar la música del inmenso patrimonio coral inglés, fruto de su retiro personal debido al agravamiento de su sordera progresiva desde niño.
Pero no abandonamos el suelo inglés con el cambio de estilo y, junto al gran Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), asistimos, con su Cuaderno de apuntes de Londres, K.15ss, a la portentosa gira que propició su padre, en la que él y su hermana recalaron en la corte del monarca Jorge III. Por ello, el joven prodigio no solo conoció a Boyce, sino que también pudo entablar contacto con Johann Christian Bach y sumergirse en el mundo de Händel y su consabido contrapunto. De ahí que durante el episodio de enfermedad de Leopold del verano de 1764, mudados a Chelsea y bajo la estricta prescripción médica de procurar el mayor de los silencios posibles, la inquietud de Wolfgang le llevó al mundo de la composición, de donde nacieron sus incipientes pentagramas originales como su primera sinfonía y este cuaderno convertido en un juego exploratorio que intenta compilar todo lo que su mente va procesando a nivel musical a su alrededor. Así es como esta Fuga en la menor, que cierra el álbum, atestigua ese intento por dominar la tradición compositiva rigurosa, encarnado en el contrapunto serio que evocan las distintas entradas de los instrumentos congregados, siendo notable el grado de anticipación del sello personal de intenso sabor mozartiano.
La Intrada de la Suite para cinco trompetas, con su aire desenfadado y elocuente, para una fanfarria de sabor sincopado, donde transcienden sus atrayentes cambios armónicos y su traslación a la sociedad americana del pleno siglo XX, es la embajada perfecta de su autor, el profesor, compositor y clarinetista Ronald Lo Presti (1933-1985), de Williamstown (Massachusetts), y educado en la prestigiosa Eastman School of Music de Rochester. Y es que el que llegó a ser creador residente de la Fundación Ford concibió esta obra en tres movimientos en 1963, aunque su fama vendría al poco tiempo con su Elegy for a Young American dedicada a la memoria de J. F. Kennedy tras su asesinato. En el caso de su segundo tiempo, Chorale, asistimos a una remarcable tensión en la emotividad que describe y a la situación de adentrarnos en esas disonancias tan características de su estilo. En la clausura de la obra, el Finale recoge los enunciados de los tiempos anteriores, a modo de recapitulación, para conformar un cierre excepcional.
La velada termina con la obra Five Jazz Quartets del trombonista y arreglista alemán Peter Feil (1962). Educado y vinculado a Colonia, fue precisamente en esa época de estudiante cuando surgió esta partitura de 1986. Fuertemente embebido en el jazz, este conjunto de piezas cortas realza su proximidad a los sonidos de una big band, dentro de los sentimientos cálidos y desenfadados que destila, anticipando un gran boche final.
© Fernando M. Anaya-Gámez
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