Ficha de evento
Programa 02
Teatro Cervantes
Dirección:
Lucius A. Hemner
Primera parte
RICHARD WAGNER
Idilio de Sigfrido, WWV 103
RICHARD STRAUSS
Concierto para oboe y pequeña orquesta en Re mayor, TrV 292
Oboe: Francesco Di Rosa
Segunda parte
FRANZ SCHUBERT
Quinta Sinfonía en Si bemol mayor, D 485
ENTRADAS
ARTISTAS
Lucius A. Hemmer
Director
Ficha del artista
Francesco Di Rosa
Oboe
Ficha del artista
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El Idilio de Sigfrido es un poema sinfónico para orquesta de cámara, compuesto por Richard Wagner como regalo de cumpleaños para su segunda esposa, Cósima, tras el nacimiento de su hijo Sigfrido en 1869. Se estrenó la mañana de Navidad de 1870, por un pequeño conjunto orquestal en las escaleras de su villa en el barrio de Tribschen de la ciudad helvética de Lucerna. La ópera de Wagner Sigfrido, estrenada en 1876, incorpora música de este Idilio. En su momento se pensó que en él tomaba prestadas ideas musicales destinadas a la ópera, pero ahora se sabe que ocurrió lo contrario: Wagner adaptó material melódico de una pieza de cámara inacabada en el Idilio y posteriormente lo incorporó a la escena de amor entre Sigfrido y Brunilda en la ópera. Ocupa un lugar único en la historia de la música. Es el testimonio de que detrás del compositor megalómano, egocéntrico y revolucionario que transformó la ópera occidental, existía un hombre capaz de una ternura infinita y una profunda gratitud hacia las fuentes de su felicidad personal.
El Concierto para oboe de Strauss data de la etapa final de la carrera del compositor, durante los años 1945 y 1946. Fruto de toda una vida de experiencia, se considera una de las mejores obras jamás compuestas para este instrumento de viento. Strauss lo escribió a sugerencia de John De Lancie, un soldado estadounidense y oboísta profesional destinado cerca de Garmisch al final de la Segunda Guerra Mundial. Fue estrenado por Marcel Saillet en Zúrich el 26 de febrero de 1946 por la Tonhalle Orchestra, bajo la dirección de su dedicatario el maestro suizo Volkmar Andreae. La obra se estructura en tres movimientos (rápido-lento-rápido), destacando curiosamente por la sobriedad de instrumentación, sobre la que domina el oboe con llamativos saltos interválicos y cambios de carácter expresivo y de registro.
En la Quinta Sinfonía, Schubert se distancia del dramatismo de su Cuarta Sinfonía, “Trágica”, compuesta unos meses antes, para crear una obra que brilla con la claridad y la fluidez de sus modelos más determinantes: las sinfonías de Haydn y, sobre todo, de Mozart. La distancia entre la música instrumental temprana de Schubert y sus obras posteriores como la Sinfonía en Do mayor, “La Grande” o el Quinteto de cuerdas, D 956 en la misma tonalidad, terminado apenas unas semanas antes de su muerte, es significativa en muchos sentidos. La Quinta Sinfonía representa el punto más cercano del compositor a la maestría absoluta en las obras de este período. En ella no hay clarinetes, ni trompetas ni timbales, y Schubert escribe para una sola flauta en lugar de la pareja habitual de la época. Comienza con un Allegro en forma de sonata, tan bello y fluido como cabría esperar. El primer tema está precedido por una introducción singular y elegante de cuatro compases que reaparece prominentemente en el desarrollo. El tema en sí es una idea deliciosa que se intercambia con cariño entre los primeros violines, violonchelos y contrabajos. Schubert se permite una de sus modificaciones favoritas de la forma sonata en este movimiento: recuperar el primer tema en la subdominante en la recapitulación, en lugar de en la tónica esperada. El Andante con moto surge de dos ideas contrastantes, aunque no marcadamente opuestas, cuyo vaivén da como resultado una especie de rondó. El tercer movimiento es un minueto en sol menor; su sección de trío en modo mayor se caracteriza por un atractivo ritmo. El ágil tema principal del Allegro vivace final requiere un toque leggiero por parte de los violines. El segundo tema es una composición puramente de cuarteto de cuerda, una característica que ningún comentario de los vientos puede ocultar. Su primera presentación, con carácter privado, fue durante el otoño de 1816 en Viena en la casa de Otto Hatwig, fagotista y contrabajista amigo. Su presentación pública fue también en el Theater in der Josefstadt de la capital austriaca el 17 de octubre de 1841, casi trece años después de la muerte de Schubert, dirigida por Michael Leitermeyer.
JOSÉ ANTONIO CANTÓN
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